Cinco días de ciclismo en altura atravesando quebradas y yungas en el noroeste argentino.
Quebradas y yungas, Jujuy, Argentina
Otoño (Abril), 2-19°C, sin lluvia
Distancia total: 477 km
Ascenso total: 12350 m
Desnivel: 472 – 4612 m
Sentir el límite
Después de una semana de bikepacking en Salta, logramos aclimatarnos a pedalear por encima de los 3000 metros de altura sobre el nivel del mar. Al momento de llegar a Jujuy estábamos listos para trepadas más largas donde la altitud se hizo sentir. Dentro del grupo tuvimos diferentes sensaciones con la altura, lo más común fue el dolor de cabeza, cierto mareo y un ritmo cardíaco más acelerado en momentos de gran esfuerzo. En puntos críticos de la rodada solo podíamos confiar en nuestra paciencia y en tirar y pisar para alcanzar con el aire justo las imponentes cimas.
De sol a sol
Con la alarma seteada a las 7 am, arrancábamos temprano para aprovechar la luz del día al máximo. Un café con leche con muchas tostadas y una partida de tetris para volver a cargar las bicis eran la antesala diaria de cada salida.
Una vez que llegábamos a destino, las bicis eran las primeras en descansar en la entrada de la habitación, mientras nos turnábamos para la ducha caliente seguida de ronda de mates. Cuando los cinco estábamos listos (la ropa lavada y los dispositivos enchufados) llegaba la hora de otro ritual: rememorar los momentos épicos del día y analizar lo que nos esperaba la jornada siguiente, con un delicioso plato de comida regional a cada lado de la mesa.

Un momento de pausa
Ya sea para sacarnos capas de abrigo o ponernos pantalla solar, o simplemente para contemplar paisajes fotografiables, a menudo deteníamos el rumbo sin prisa. Abríamos una dimensión temporal donde la respiración encontraba un nuevo ritmo y las cámaras de foto se mantenían siempre activas.
Postales comunes
En muy pocos días y a lo largo de algunos cientos de kilómetros, recorrimos las dos caras de una misma región.
La paleta norteña
En los mercaditos de las calles de Purmamarca, Tilcara o Humahuaca se palpa el verdadero espíritu de la cultura local, con una amplia exhibición de productos artesanales en sus plazas centrales. A su alrededor afloran iglesias y construcciones del siglo XVII, calles empedradas, la calma y el habla pausado de sus habitantes, los colores vibrantes de sus tejidos, el locro humeante y la variedad de sus empanadas. Pero la experiencia culinaria no se terminaba ahí: nuestro snack al paso favorito fueron las tortillas de queso que preparan sobre el fuego en cualquier esquina; y la característica común de todas nuestras cenas fue el acompañamiento de música folklórica en vivo. Transitamos las calles y callecitas de estos pueblos de casas bajas respaldadas por montañas como si recorriéramos una pintura paisajista donde predominan ampliamente los tonos ocres y marrones.
En medio de los colores ubicuos del norte jujeño hay un oasis blanco conocido como las Salinas Grandes, donde todo es luminosidad y hasta el suelo se une con el cielo.
Trepadas, abras y descensos en loop
Durante dos días atravesamos caminos de tierra de gran dificultad a más de 4400 metros de altura. Con todas las capas de abrigo encima enfrentamos temperaturas y vientos de alta montaña. A lo largo de decenas de kilómetros de conexión entre pueblo y pueblo, éramos prácticamente los únicos circulando en la ruta, a excepción de dos camionetas que pasaron con el correr de las horas. El premio fue llegar hasta el pie de las Serranías del Hornocal y sus 14 colores, pedalear la transición hacia las yungas del Parque Nacional Calilegua y probar las deliciosas tortillas caseras de Doña Maria.
Desde el cielo
Después de coronar una cima, mirar el trazo de la ruta sinuosa que nos llevó hasta allí fue un instante de asombro como pocos. Porque el proceso de trepar no tiene punto de comparación con la vista perfecta desde arriba. Por más análisis previo de la inclinación, el terreno, la distancia, las condiciones climáticas… la tensión muscular de cada pedaleada, el abrumador camino ascendente por venir, la falta de aire, el cansancio corporal durante un esfuerzo sostenido solo se entiende viviéndolo.
¿Cómo no sentirse pequeños rodeados de la inmensidad de las montañas y tan cerca del cielo? Si bien por momentos nos sentimos aislados e indefensos, la conquista de estas rutas nos llenó de un sentimiento de grandeza.

Fotos: Iván Vañek (@ivandigital) y Sebastián Di Tomaso (@lavidadeseba)
¿Te interesaría hacer una aventura así?
Si te gustó esta historia y quisieras conocer más, por favor déjanos tus datos de contacto para empezar a planificar tu próxima experiencia de bikepacking.
También te puede interesar

ITALIA: LOS IMPONENTES ALPES Y LA COLORIDA RIVIERA DE LIGURIA
Bikepacking, puertos de montaña y tramos en tren para explorar la bella Italia con sus paisajes naturales dramáticos, sus calles y rincones medievales y su buen vivir.

MISIONES: TIERRA COLORADA, PENDIENTE Y SELVA
Un viaje en bici de gravel por caminos ondulantes de pavimento y tierra, penetrando la cálida y húmeda selva subtropical y explorando la mezcla cultural, hasta las bellas cataratas del Iguazú.

CORRIENTES: PARANÁ, LLANURA Y ESTEROS
Un viaje en bici por el litoral del Paraná y a través de los Esteros del Iberá, explorando tradiciones guaraníes y celebraciones locales.

martin robles
tremendoooo!