Un viaje en bici de gravel por caminos ondulantes de pavimento y tierra, penetrando la cálida y húmeda selva subtropical y explorando la mezcla cultural, hasta las bellas cataratas del Iguazú.
De Posadas a Iguazú, Misiones
Invierno, clima templado a fresco, humedad.
Distancia total: 947 km
Ascenso total: 12533 mts
Crisol de razas
Recorrer enteramente la provincia de Misiones nos permitió maravillarnos con la mezcla cultural que conforma este lugar. Desde las misiones jesuíticas del siglo XVII en la que europeos y guaraníes se fueron mezclando en convivencia, hasta las olas migratorias del siglo XX (por las que se establecieron colonias alemanas, suizas, escandinavas, etc.), hasta la influencia palpable de brasileños y paraguayos en los pueblos fronterizos, la mezcla cultural se hizo presente en la comida, tradiciones y lenguaje… al punto tal de hacernos sentir extranjeros en la propia Argentina.



La ruta de la yerbamate
A lo largo del camino fuimos atravesando cantidad de campos de té y yerbamate, algunos de los principales cultivos de esta zona. Así que para cuando llegamos a Comandante Andresito no nos podía faltar hacer la visita a la fábrica de secado de una de las principales marcas de yerba de Argentina, que lleva el nombre de su pueblo: Andresito.



En guaraní, yerbamate se pronuncia ka’a, que también significa selva. La razón detrás de esta dualidad tiene que ver con ser la especie más abundante de la selva misionera, introducida como cultivo por los jesuitas. Durante nuestra visita a la fábrica redescubrimos la planta del mate a través de todos nuestros sentidos, observando cómo cada proceso influye en su textura, aroma, color, sonidos y sabor.



Desayunos, picnics y buffets
Al pedalear diariamente un promedio de 100 km con 1000 m de desnivel positivo, la comida se volvía una parte fundamental del viaje. Por lo tanto, nuestros desayunos eran la primera instancia para asegurar una buena ingesta de energía para el día: café, medialunas, tostadas, chipás, mamón y yogurt. Hubo días largos de atravesar selva en los que, sabiendo que no había nada en el camino, llevamos empanadas o sandwiches para hacer picnic. Y si pasábamos por pueblos intermedios aprovechábamos para sentarnos a almorzar en algún buffet donde el menú solía incluir puré de papa, feijoada, milanesas, reviro y más.
Tierra colorada en múltiples versiones
Tan pronto como ingresamos a la provincia de Misiones se hicieron presentes las primeras ondulaciones en el terreno: la inclinación empezó a oscilar entre el 3 y el 10%, incluyendo secciones de 15 %, pero se sintió más dura cuando dejamos las rutas panorámicas de pavimento para adentrarnos en la tierra. El suelo colorado misionero, rico en hierro y resultado de la descomposición del basalto, puede resultar un paraíso gravel. El suelo seco es sinónimo de superficie firme y pareja, casi como rodar sobre asfalto.



Sin embargo, debido a la constante humedad, del terreno brota como una película jabonosa en la que el manejo de la bici fue fundamental para no resbalar. También, luego de lluvias nocturnas, algunas rutas quedaron demasiado embarradas para rodarlas. En otros tramos nos encontramos con caminos consolidados con piedras, en los que las trepadas y los descensos empinados se volvieron un desafío técnico, y en ocasiones nos obligaron a bajar un pie a tierra. Será memorable el trayecto de la ruta 16… luego de atravesar numerosos charcos terminamos enterrando los pies en uno profundo… Con los zapatos empapados, bajó el sol y la temperatura, y terminamos rodando con los pies congelados por una hora y media hasta llegar a la ducha caliente del hotel en San Pedro.



Perdidos en la selva
Luego de recalcular rutas por el clima, finalmente nos metimos por caminos provinciales de tierra, prácticamente intransitados, que nos llevaron hasta el corazón de la selva. Estos tramos van desde una zona urbana, atravesando campos cultivados hasta que la huella del camino se va perdiendo entre la vegetación y el pasto crecido. Pedaleamos decenas de kilómetros sin visualizar rastro de actividad humana, sin cruzarnos a nadie más, acompañados por el canto de los pájaros y el ruido de las hojas, y por momentos cubiertos enteramente por el denso follaje. Luego los campos volverían a aparecer, junto con alguna que otra camioneta en la ruta, hasta llegar a un nuevo centro urbano. Repetimos esta dinámica varias veces a lo largo de nuestra exploración por la provincia.

Las maravillosas cataratas del Iguazú
En guaraní, Iguazú significa agua grande: las cataratas del río Iguazú, sobre la frontera entre Argentina y Brasil, una de las siete maravillas del mundo, conforman el sistema más grande de cataratas con más de 250 saltos. Tuvimos el placer de verlas desde ambos países, llegando hasta ellas a pie por múltiples pasarelas y en bote para sentir la fuerza del agua desde abajo de las mismas. El lado argentino se sintió mucho más “natural” ya que la caminata se realizaba desde adentro de la selva y por encima de las cataratas, mientras que del lado brasilero la pasarela es angosta y la vista es -si bien muy cercana- desde afuera de la maravilla.

Fotos: Sebastián Di Tomaso (@lavidadeseba) e Iván Vañek (@ivandigital)
También te puede interesar

ITALIA: LOS IMPONENTES ALPES Y LA COLORIDA RIVIERA DE LIGURIA
Bikepacking, puertos de montaña y tramos en tren para explorar la bella Italia con sus paisajes naturales dramáticos, sus calles y rincones medievales y su buen vivir.

MISIONES: TIERRA COLORADA, PENDIENTE Y SELVA
Un viaje en bici de gravel por caminos ondulantes de pavimento y tierra, penetrando la cálida y húmeda selva subtropical y explorando la mezcla cultural, hasta las bellas cataratas del Iguazú.

CORRIENTES: PARANÁ, LLANURA Y ESTEROS
Un viaje en bici por el litoral del Paraná y a través de los Esteros del Iberá, explorando tradiciones guaraníes y celebraciones locales.
