Gravel Diaries

BIKEPACKING POR LA PATAGONIA

Parte III: SIETE LAGOS

Tras una semana en Bariloche, partimos rumbo a la región de los Siete Lagos en Neuquén. Un recorrido por lo más destacado de estos 7 días rodando sobre asfalto y tierra en una bici gravel.

Plan de viaje

  • Bariloche – Villa Traful: 104 km
  • Villa Traful – Río Hermoso: 77 km
  • Río Hermoso – San Martín de los Andes – Río Hermoso: 50 km*
  • Río Hermoso – Villa La Angostura: 90 km*
  • Salidas por Villa La Angostura: 35 km
  • Villa La Angostura – Bariloche: 78 km

*No los pudimos hacer en bicicleta por mal tiempo.

Sin Señal

Salir a la ruta es entrar en esa rara dimensión de movimiento constante sobre la impasible e inmensa quietud del paisaje. Es como estar rodando un video 360 con fotogramas que se repiten continuamente y van mutando muy despacio. Es la posibilidad de observar detenidamente el movimiento, de sostener el pensamiento, con la mirada que penetra los paisajes y va animando las escenas.

La ruta es puro presente y materialidad, sorprende por su entorno y también por su total desconexión con aquello que ahí no está. Decenas de kilómetros separan un pueblo de otro sin señal de celular, sin posibilidad de googlear ni llamar. Y aún cuando se llega a destino, la única forma de comunicación virtual es por WIFI, un hecho casi mágico que requiere de buena fortuna, ya que para que la comunicación ocurra ambas partes tienen que estar detenidas y conectadas a una red, y todo al mismo tiempo.

Si cuesta, que valga: Bariloche – Villa Traful

Entre lo más destacado de este trayecto estuvo la posibilidad de rodar parejo en la RN 237 con viento a favor a más de 30 km/h y apreciar la variedad de formaciones rocosas, la pampa y el aturquesado río Limay que corría muchos metros más abajo. Tras unos 60 km de asfalto con el sol ya sobre los hombros, cortos de agua y barritas, teníamos previsto parar a comer en el Rincón de Creide, donde según Google había posibilidad de almorzar. 

Llegamos a una suerte de camping abandonado donde nos recibió muy cálidamente Mercier y pasó a avisarnos que estaba cerrada la proveeduría. Surprise! Ante nuestro desconcierto y con muy buena voluntad, el hombre improvisó un almuerzo con lo que tenía. Un simple sandwich hubiera bastado, pero había algo más elaborado: cordero y trucha ahumada. Comimos ligero, cargamos las caramañolas con agua de montaña y partimos en busca de la bendita ruta provincial 65, a solo 10 km de allí.

En la 65 empezó otra historia. La velocidad disminuyó abismalmente en un terreno irregular donde buscábamos la mejor pisada posible para nuestras ruedas. Fueron 35 km del ripio más desparejo entre sierras y valles, sin árboles de reparo, a paso lento, sacudidos, acalorados y rodeados por nubes de polvo que levantaban camionetas apuradas sin temor al serrucho.

Así anduvimos un par de horas hasta que apareció un río para recargar las caramañolas y un poco de “civilización”. Sobrellevamos el cansancio, el calor, pero también el acecho de tábanos y avispas cada vez que nos deteníamos. La seguidilla de subidas y bajadas pronunciadas anunciaba que nos estábamos acercándonos al Lago Traful. Al final de una trepada seguida de curva nos sorprendió el Mirador del Viento: un acantilado de más de 70 metros sobre el lago donde los vientos soplan con una fuerza capaz de derribar ciclistas curiosos. Solo faltaban 4 km más para llegar a la villa y descansar a orillas de este lago cuyas olas se extienden y ondean como las de un océano.


En la 65 empezó otra historia. La velocidad disminuyó abismalmente en un terreno irregular donde buscábamos la mejor pisada posible para nuestras ruedas. Fueron 35 km del ripio más desparejo entre sierras y valles, sin árboles de reparo, sacudidos, acalorados y rodeados por nubes de polvo que levantaban camionetas apuradas sin temor al serrucho.


La ruta de los Siete Lagos

Lo más destacadoLo menos deseado
La inmersión total en la montaña, la vegetación densa y húmeda, los lagos escondidos y a la vista de todos, las pequeñas cascadas resonantes al costado de la ruta.El cielo nublado, el frío por debajo de los 5 grados, la constante llovizna.
El estado del camino y los tramos con banquina de asfalto.Un perro furioso que se cruzó en la ruta para perseguirnos a tarascones y disparar nuestra adrenalina.
Las bajadas profundas a toda velocidad que atenuaban las subidas.Una interminable subida de 2 km que incluye todo el arco de grados de elevación (en sentido a San Martín de los Andes).

Sendero Parque Nacional Los Arrayanes, Villa La Angostura

Esta travesía lo tiene todo. Se trata de un sendero de 12 km de ida hasta el Bosque de Arrayanes, atravesando el parque nacional, para hacer a pie o en bicicleta. Luego de abonar la entrada, se arranca con la bici al hombro durante los primeros mil metros por todos los escalones de ascenso que hay, hasta que finalmente te podés sentar a rodar, aunque no tan tranquilamente… Te encontrás con tierra arenosa, huellas de barro, raíces sobresalientes, grava y peatones, a lo largo de repechos, bajadas, recodos, senderos angostos, interiores tupidos y claros del bosque. Un sendero 100% MTB, pero realizable en bici gravel.

Cuando llegás a la entrada del Bosque de Arrayanes no se puede avanzar más con la bicicleta, por lo que todo el mundo la deja estacionada para seguir a pie. Es importante llevarse un candado porque no hay ningún tipo de vigilancia, si bien la gente de parques nacionales te garantiza que “ahí no pasa nada”. Si decidís llevar la bici con vos porque no tenés candado y estamos en Argentina… ¡Cuidado! Los guardaparques te pueden hacer una multa.


“Te encontrás con tierra arenosa, huellas de barro, raíces sobresalientes, grava y peatones, a lo largo de repechos, bajadas, recodos, senderos angostos, interiores tupidos y claros del bosque. Un sendero 100% MTB, pero realizable en bici gravel.”


The End

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